Lo bueno es que no hay ni una escena, ni siquiera un cuadro con drama. Tiene el esperado happy end que todos agradecen y, al menos, no hace llorar a nadie. Sophie (Seyfried) es una investigadora de la revista The New Yorker y está comprometida con Víctor (García Bernal), un chef a punto de abrir su restaurante. Para animar la relación, viajan a Verona en una especie de "pre luna de miel". Allí la chica descubre a las secretarias de Julieta, un grupo de señoras que se dedica a contestar cartas en la supuesta casa donde vivió la joven de Shakespeare. Con el interés de tener una buena historia que escribir, la protagonista se suma a la labor y responde una carta de hace 50 años, en la cual una joven de 15 años abandona a su amor en Italia y se muda a Londres. Así, aparece Claire (Redgrave) y su nieto Charlie (Egan), con quienes se une para buscar a ese antiguo amante.
Lo mejor de Cartas a Julieta son las tomas turísticas de la tan fotogénica e iluminada Verona. Eso colabora con el tono del filme. Y, a pesar de que casi no existe química entre Seyfried y Egan, la historia se mantiene con la esperanza del personaje de Redgrave. García Bernal aparece muy galán y hace a la perfección el papel del novio despistado, acelerado y poco cursi. En conclusión: se trata de un filme positivo y dulce. ¿Meloso? Sí, ¿Inocente? También, ¿Femenino? Depende... Como dije antes, romántico hasta los huesos. Escépticos, abstenerse.
Buenos elementos

















